El 21 de marzo de 2025, en el interior de su modesto domicilio ubicado en el municipio habanero de Diez de Octubre, Raúl Bozz—más conocido como el “negro Bozz”— abrió por primera vez su memoria ante una cámara para relatar la historia de una vida marcada por el despertar de 1959.Footnote 1 Nacido en el seno de un hogar de campesinos haitianos cortadores de caña y vecino de la familia Castro, el entrevistado guarda un vívido recuerdo del estallido de un proceso que “ofreció por primera vez una oportunidad a su generación”. Siguiendo los pasos de miles de cubanos, Bozz se consagró a la causa revolucionaria que lo mantendría más de veinticinco años alejado de su familia y de su país, pero que le permitiría convertirse en uno de los camarógrafos y reporteros de guerra más célebres del mundo. Al evocar su dilatada trayectoria, el negro Bozz rememoró la invasión sudafricana en Angola y los encuentros entre Fidel Castro y Amílcar Cabral —grabados por él mismo—, pero también la profunda huella que estas experiencias dejaron en quienes participaron en la proyección externa de la Revolución.
El peso de la dimensión internacional del proceso cubano ha sido reconocido por Antoni Kapcia (Reference Kapcia2008) como un pilar ideológico central en la forja de nuevas identidades revolucionarias en la isla desde principios de la década de los sesenta. Tal y como Louis A. Pérez (Reference Pérez1999) planteó en su obra On Becoming Cuban: Identity, Nationality, and Culture, la fuerte orientación exterior del proyecto nacido en Sierra Maestra trajo consigo grandes cambios políticos, socioculturales y simbólicos que repercutieron de manera directa en sucesivas generaciones de ciudadanos cubanos como Raúl Bozz. El conjunto de estas transformaciones, concebidas por el historiador Sergio Guerra como parte de una estrategia transnacional liderada por el Estado revolucionario, modeló una particular expresión de “nacionalismo internacionalista” (García Molinero Reference García Molinero2025, 6) que ha germinado en profusos debates historiográficos en los que se sitúa la presente investigación.Footnote 2 La hipótesis de este artículo se fundamenta en la noción de que el grueso de los discursos construidos en torno a este polifacético fenómeno ha estado condicionado por una persistente visión dicotómica, todavía imperante en las interpretaciones sobre esta realidad. Así, por un lado, la denominada historia oficialista cubana, articulada desde plataformas gubernamentales y los sectores académicos más inmovilistas del país, ha promovido una imagen estática y homogeneizadora de una práctica que Dirk Kruijt (Reference Kruijt2017) caracterizó en constante transformación. Mediante una vinculación artificiosa de esta constelación de interacciones socioculturales a una “génesis martiana” de la identidad nacional (Morffi Serrano Reference Morffi Serrano2025, 6–7), se ha tratado de definir una visión hagiográfica sobre este horizonte a lo largo del tiempo. Por otro lado, desde las filas más críticas con el proceso revolucionario, autores como Andres Solares (Reference Solares2010) han abordado este universo transnacional desde un enfoque igualmente reduccionista, identificando a sus protagonistas como meros mercenarios castristas sin agencia propia movidos por un deseo ciego de expansión global.
Del inmaculado guerrillero heroico al diabólico conspirador comunista, la historia de la solidaridad internacionalista cubana se halla, por tanto, repleta de planteamientos maniqueos que han obnubilado las múltiples dimensiones adquiridas por este proceso hasta la actualidad (Michèle Reference Michèle Grenon2016, 204). El presente trabajo persigue, como objetivo principal, ofrecer una nueva interpretación de esta problemática a partir de una aproximación reconstruida mediante testimonios directos, focalizados en el impacto que diversas vivencias personales ejercieron en la conformación de una identidad y conciencia política internacionalistas desde la década de los años sesenta. Más allá de los enfoques centrados en las historias institucionales u organizacionales, esta investigación se orienta hacia la dimensión humana—a menudo invisibilizada— que Paul Thompson (Reference Thompson1978) identificó como uno de los aportes centrales de la Historia oral: la recuperación de voces, agentes y perspectivas individuales a menudo marginadas en los relatos oficiales. En esta línea, atendiendo a lo que Alessandro Portelli (Reference Portelli1991, 8) conceptualizó en términos de “la experiencia emocional, cultural y subjetiva” de los actores históricos, el artículo aspira a trazar una genealogía alternativa de esta práctica en el contexto particular cubano que cuestiona y desarticula las visiones monolíticas y homogeneizadoras imperantes hasta la fecha.
Con el objeto de abordar la hipótesis y los objetivos planteados, se introduce el análisis de un total de cuarenta entrevistas realizadas en La Habana entre los años 2023 y 2025. Los testimonios, recopilados mediante una apuesta metodológica interdisciplinar, donde la Historia oral, la Historia desde abajo y la Historia de las mentalidades se combinan (Ritchie Reference Ritchie2014, 12, 14; González Reference González2013, 16), componen un novedoso marco teórico comparativo en torno a un conjunto de dimensiones afectivas identificadas por José Luis Cañizares Cárdenas (Reference Cañizares Cárdenas2006, 3) como “inherentes al sentir revolucionario”. Las personas entrevistadas—en su mayoría figuras poco conocidas o hasta ahora invisibilizadas— integran genealogías inexploradas de memoria viva que ilustran la importancia de lo que Luisa Passerini (Reference Passerini2003) denominó como la experiencia personal en la comprensión de procesos histórico-sociales contemporáneos. En este marco, la selección de testimonios proyectada persigue abarcar un amplio espectro de la sociedad cubana inmersa en este horizonte desde diferentes esferas de la vida pública. Dirigentes históricos, diplomáticos, médicos, educadores, artistas, fotógrafos, cineastas, músicos, periodistas, trabajadores manuales e incluso historiadores conforman un mosaico repleto de determinantes personales que oscilan a lo largo de distintas generaciones y momentos históricos.
Los planteamientos derivados de las entrevistas realizadas han sido contrastados mediante una lectura crítica de dichas narrativas a partir de un amplio corpus de fuentes primarias documentales procedentes de diez archivos históricos cubanos e internacionales—tanto institucionales como personales. Partiendo de esta base, la investigación se estructura en tres secciones claramente delimitadas. La primera aborda los orígenes de este fenómeno desde una perspectiva analítico-conceptual (Kotzur y Schmalenbach Reference Kotzur and Schmalenbach2014, 70–71), examinando el devenir histórico que posibilitó la hibridación bajo matrices interpretativas heterogéneas de solidaridad e internacionalismo en el contexto revolucionario. Este andamiaje teórico sienta las bases desde las que se abordan testimonios e intercambios de experiencias vitales que descubren motivaciones de naturaleza subjetiva capaces de tensionar y desbordar lo que Fabián Escalante Font (Reference Escalante Font2008) examinó en términos de narrativas institucionales del proceso cubano.
En un segundo apartado, la investigación trasciende la mera identificación de las causas que llevaron a diversas generaciones de cubanos y cubanas a implicarse en estas misiones, para adentrarse en las percepciones y el impacto que generaron dentro de esferas tan heterogéneas como la política, la diplomacia, la cultura o el trabajo manual. Las memorias estudiadas contribuyen a problematizar, de esta forma, la dimensión dual de la identidad revolucionaria—sobre la que historiadoras como Lillian Guerra (Reference Guerra2024) han indagado— a través de una evolución de sensibilidades refractaria a valoraciones homogeneizadoras. Por último, en una tercera sección se traza una genealogía de este fenómeno—que surge en la década de 1960— hacia el siglo XXI. A partir de la diferenciación dialéctica entre las dimensiones de provisión y recepción de solidaridad que Luis Suárez Salazar y Dirk Kruijt (Reference Suárez Salazar and Kruijt2016) evaluó en términos transnacionales, los testimonios explorados muestran cómo la práctica de la solidaridad internacionalista, lejos de extinguirse, se ha transformado al compás de las trayectorias de sus protagonistas. Oscilando entre un optimismo resiliente y una mirada crítica frente a los desafíos contemporáneos, la presente investigación concluye ponderando el alcance de esta realidad hasta la actualidad, vinculándola con otros debates y atendiendo tanto a sus potencialidades como al papel que puede desempeñar frente a los complejos retos que enfrenta hoy la sociedad cubana.
¿Nuestra propia deuda con la humanidad? Fundamentos históricos y subjetividades revolucionarias en la génesis de la solidaridad internacionalista cubana
El 5 de diciembre de 1988, en el marco del aniversario del desembarco del Granma, Fidel Castro pronunció uno de los discursos más reconocidos en la historia de la Revolución: “ser internacionalista es saldar nuestra propia deuda con la humanidad. Quien no sea capaz de luchar por otros, no será nunca suficientemente capaz de luchar por sí mismo”. El gran impacto de estas declaraciones, lanzadas poco después de la decisiva victoria cubano-angoleña en la batalla de Cuito Cuanavale, radicó en el profundo significado subyacente al sentido de la solidaridad internacionalista cubana presentada ante el mundo. Convertida en fórmula sintetizadora de lo que Eduardo Torres Cuevas (Reference Torres Cuevas2022) examinó como el “compromiso revolucionario” refrendado en 1959, este repetido aforismo ha sido empleado como prédica justificativa de la intensa política exterior liderada por el gobierno cubano durante casi medio siglo por todo el globo. En esta línea, tal y como analizó el historiador italiano Piero Gleijeses (Reference Gleijeses2002) en sus trabajos sobre El Congo o Argelia, la implicación cubana en diversos conflictos del tercer mundo respondió a motivaciones alternativas que no se limitaron a reproducir lógicas vacuas de la Realpolitik internacional. En busca de nuevas alianzas que les permitieran salir de su aislamiento continental, pero también movidos por un verdadero fervor ideológico contenido en la mencionada proclama de Fidel Castro, los cubanos abrazaron un complejo ideario identificado en términos de una solidaridad internacionalista.
Los medios oficiales del Estado caribeño han tendido a presentar el internacionalismo y la solidaridad como dos partes de un mismo y único fenómeno homogéneo del proceso revolucionario concebido en clave inmutable desde comienzos de la década de los sesenta. Autores como Arto Laitinen y Anne Birgitta Pessi (Reference Laitinen and Birgitta Pessi2014) han contribuido en época reciente a problematizar esta visión, subrayando la importancia de diferenciar, en un plano académico, ambos conceptos a partir de las varias diferencias y similitudes perceptibles en el contexto insular. En este sentido, la solidaridad internacional puede ser conceptualizada como un movimiento social con raíces en los albores de la contemporaneidad que entroncan, dentro del entorno particular cubano, con su larga lucha por la independencia (Miller Reference Miller2003, 150). Como ha señalado el historiador Andrés Zaldívar, esta práctica desempeñó “un papel fundamental en la construcción de la identidad nacional cubana” imbuida por realidades específicas como la participación de personajes foráneos—entre otros muchos, el dominicano Máximo Gómez o el estadounidense Henry Reeve— en las guerras de liberación.Footnote 3
Refrendada como pilar ideológico de la emergente nación a través de su centralidad en el pensamiento martiano (Retamar Reference Retamar2019, 4)—fundamentado en el ideal de una patria concebida en términos de humanidad—, la solidaridad mantuvo un peso notable en la sociedad republicana que fue inmortalizado a partir de experiencias concretas como la destacada participación de brigadistas cubanos en la guerra civil española (Urcelay-Maragnès Reference Urcelay-Maragnès2011). Con la sorprendente entrada de los barbudos en La Habana, seguida por la consolidación del giro socialista de la Segunda Declaración de La Habana, la Revolución trató, no obstante, de articular puntos de encuentro entre los preceptos humanistas martianos y el internacionalismo proletario de tradición comunista (Yaffe Reference Yaffe2020, 159). La introducción de este último fenómeno, examinado por Peter Waterman (Reference Waterman1998) como un principio ideológico central en la doctrina marxista, dio forma a un singular proceso de entroncamiento que no estuvo exento de contradicciones particularmente visibles desde finales de la década de los sesenta.
Nacida como producto de la imperante necesidad de conectar las raíces de la nación con el devenir del primer proyecto socialista en el hemisferio occidental, la fórmula de la solidaridad internacionalista fue presentada por Fidel Castro para todos los verdaderos revolucionarios del país en términos de un doble deber cubano-comunista a escala global.Footnote 4 Conceptualizado como un modelo voluble de acción sociopolítica, el componente ideológico de este fenómeno ha sido sistemáticamente invisibilizado en la mayor parte de las investigaciones realizadas sobre la proyección externa de la Revolución cubana. A excepción de trabajos pioneros como el de Luis Suárez Salazar y Dirk Kruijt (Reference Suárez Salazar and Kruijt2016), las aproximaciones históricas hacia este heterogéneo universo de conexiones transnacionales han estado permeadas por narrativas ausentes de experiencias cotidianas y personales.
En este escenario, más allá de las proclamas de Fidel Castro, una mirada al proceso constitutivo de la solidaridad internacionalista descubre concepciones, anhelos y realidades subjetivas que coexistieron entre sí a lo largo del tiempo en la sociedad cubana. Comenzando por las propias filas de la dirigencia histórica del proceso revolucionario, testimonios como el del comandante Víctor Dreke ilustran la diversidad de experiencias que dieron forma a las denominadas “motivaciones morales” que Isaac Saney (Reference Saney2009) sitúa en el foco del proyecto antillano. Oriundo de una familia humilde de Sagua la Grande, Dreke reconoce haber dado sus primeros pasos como “aspirante a revolucionario”, no “en calidad de internacionalista”, sino como una persona “que tenía idealizado a Antonio Guiteras y Eduardo Chibás”. Alejado de los principios de un comunismo sobre el que “sólo se enseñaban cosas malas en la escuela”, el dirigente histórico confesó que “la llama de la solidaridad” no se encendió en él a partir de la lectura de manuales marxistas, sino a través de “experiencias de vida cotidianas” tan aparentemente irrelevantes como el hecho de que una vecina luchara por sacarle de la cárcel cuando era un adolescente al grito de: “hasta que no suelten a Dreke yo no me voy de aquí, porque ese negrito es mi hijo también”.Footnote 5
En contraposición con la imagen de exportadores innatos de la revolución erigida por autores como Virgilio Ferrer Gutiérrez (Reference Ferrer Gutiérrez1969), la visión de este célebre compañero del Che revela rasgos de la fuerza vital inherente a las subjetividades colectivas del proceso revolucionario cubano, sugerida por el filósofo Fernando Martínez Heredia (Reference Martínez Heredia2008). Atendiendo, en esta línea, a la trayectoria de dirigentes tan señalados como el propio Guevara, María del Carmen Ariet-García—coordinadora del Centro de Estudios Che Guevara de La Habana— ofreció una visión heterodoxa del guerrillero heroico, igualmente alejada de las visiones simplificadoras sobre la génesis de su compromiso internacionalista. Ajena al retrato de apóstol de la violencia proyectado por Luis Martínez-Fernández (Reference Martínez-Fernández2021), pero también al “Cristo” de los humildes examinado por Enzo Traverso (Reference Traverso2019, 87), Ariet-García situó las raíces de la entrega guevariana en una profunda “sensibilidad humana” despertada a partir de “sus viajes en motocicleta a través de América Latina”. Consciente de la importancia que la solidaridad “todavía alberga en el mundo”, la historiadora remarcó la necesidad de rescatar una memoria alternativa del Che en la que “expresiones cotidianas y contradicciones humanas” de su recorrido más temprano desplacen a las visiones homogeneizadoras y reduccionistas aún extendidas en torno a su figura (Saney Reference Saney2009, 112).Footnote 6
Más allá de las personalidades envueltas en la primera línea del despertar revolucionario, el análisis histórico de experiencias subjetivas ofrecidas por “gente común” ayuda a comprender, siguiendo a Carlo Ginzburg (Reference Ginzburg1976, 129), dimensiones ocultas de grandes procesos históricos como la solidaridad internacionalista cubana. Las voces, a este respecto, de figuras mayormente sumidas en el anonimato como Luis Morejón o Juan Sánchez Monroe, descubren expresiones poco exploradas que integran lo que el investigador José Luis Cañizares Cárdenas (Reference Cañizares Cárdenas2006, 1) ha denominado como un “sistema de valores objetivos” remanente en la sociedad cubana contemporánea. Dejando a un lado su largo recorrido como diplomáticos y embajadores en escenarios tan lejanos como la Unión Soviética, Yugoslavia o las mismas Naciones Unidas, al ser interrogados sobre el germen de su sentir internacionalista, ambos individuos se retrotrajeron a sus dramáticas vivencias de juventud—como “orgulloso limpiabotas” el primero, y “huérfano de la calle” el segundo— de las que les “rescató la Revolución”.Footnote 7
Habiendo sido atraído al marco revolucionario por la figura de Fidel Castro, personalidades como Luis Morejón no se avergüenzan en reconocer hoy día que su orientación hacia la solidaridad le fue “inducida”, no por simpatías hacia un proyecto comunista, sino por un arraigado fervor personal de carácter “fidelista”. En su trayectoria personal, como en la de otros muchos cubanos, la “vocación internacionalista nació tras un largo aprendizaje de otras realidades” que Emilio Duharte Díaz (Reference Duharte Díaz2006) ha identificado como una herramienta clave en el fortalecimiento de la propia legitimidad del sistema político cubano dentro de la isla. Para Juan Sánchez Monroe, por su parte, la “ausencia de cultura política” no fue un freno a la hora de abrirse hacia nuevos mundos, sino más bien un aliciente que le permitió “ser menos susceptible a la propia propaganda interna que, lamentablemente, creen ahora buena parte de los dirigentes del país”. Desde un enfoque singular en sus análisis sobre la hegemonía cultural y el proceso revolucionario, Sánchez Monroe identifica el germen de su compromiso internacional en un “pensamiento crítico” que, en su caso, nació a partir de “vivencias mundanas como el aprendizaje del idioma ruso impulsado por la Escuela Gorki en Moscú”.Footnote 8
En este contexto, las visiones a medio camino entre la nostalgia del pasado y suspicacia hacia el futuro coexisten hoy dentro de una conciencia colectiva marcada por el recuerdo de las oportunidades que abrió la senda revolucionaria para distintas generaciones de cubanos. Al margen de la dirigencia y los altos sectores diplomáticos, estas perspectivas reaparecen también en el imaginario de figuras mucho más humildes como la del propio Raúl Bozz. En su alegato sobre las raíces de la solidaridad internacionalista sobresale una dimensión personal que entronca con el componente humano que Susana Callejas Opisso etal. (Reference Callejas Opisso2010, 1) reconocieron como parte central de la “memoria histórica e identidad como nación” de Cuba. Inmerso de lleno en “la rueda de la Revolución sin saber muy bien lo que era todo aquello”, Bozz asumió peligrosas “misiones internacionalistas en el continente africano” imbuido por un sentimiento de gratitud hacia las posibilidades de “desarrollo personal” que había abierto el año 1959 entre “campesinos humildes de origen haitiano como nosotros”.
Este polifacético proceso de inclusión social entre sectores marginados de la vida pública durante el periodo republicano contribuyó a forjar identidades combativas que vieron en la política exterior cubana una vía para acercarse a mundos desconocidos. Inspirados, de esta forma, por vagos sentimientos de justicia social—como Víctor Dreke o Guevara—, pero también movidos por la afección a un proceso revolucionario que había dado sentido a sus vidas—en los casos de Luis Morejón, Sánchez Monroe o Raúl Bozz—, miles de cubanos conformaron una constelación de solidaridad(es) internacionalistas en la que coexistieron anhelos y condicionantes subjetivos de naturaleza todavía más diversa. Para el internacionalista Juan Hernández Machado, por ejemplo, la implicación en los procesos de descolonización de países como Yemen, Somalia, Zimbabue o Etiopía no fue el resultado de una “motivación ideológica u hoja de ruta” impuesta por el Estado, sino la consecuencia “accidental” de sus “conocimientos de inglés” adquiridos durante la juventud.Footnote 9 Como él, la traductora villaclareña Eva Duménigo fue otra de las desconocidas cubanas en las que “el despertar de la llama solidaria e interés hacia otros pueblos irrumpió de forma fortuita” a través de vínculos lingüísticos situados entre los principios básicos en la proyección ideológico-cultural revolucionaria.Footnote 10
Atendiendo a dimensiones poco examinadas, como la cuestión lingüística convertida envector para la “internacionalización de ideas” dentro de procesos históricos contemporáneos (Siregar Reference Siregar2022, 12), testimonios como los de Duménigo albergan matices de especial interés al introducir también un enfoque de género al interior de una esfera notablemente hipermasculinizada. En este contexto, a pesar de haber sido doblemente invisibilizadas en la órbita transnacional (García Molinero y Ortega López Reference García Molinero and López2023, 2–3), numerosas cubanas cultivaron una conciencia de la solidaridad enraizada en su propia condición de mujeres que Elizabeth Dore (Reference Dore2023) ha explorado en clave femenina. Figuras como Alicia Campos, activista y coordinadora de la Oficina regional de la Federación Democrática Internacional de Mujeres para América y el Caribe, reconocieron haber asumido un “compromiso vital con el internacionalismo” a partir de sus “ideas feministas”.Footnote 11 Al igual que ella, otras dirigentes históricas como Tamara Columbié o Nieves Alemañy compartieron una motivación común marcada por “la elevación de un sentimiento feminista” a la lucha contra un sistema patriarcal “que no conoce fronteras”.Footnote 12
El conjunto de estas experiencias, conformadas por condicionantes cotidianos—que el sociólogo Orlando Fals Borda (Reference Fals Borda1993) conjeturó en términos de percepciones subjetivas tras las grandes transformaciones sociopolíticas—, incluye, en último lugar, determinantes singulares que atienden a lógicas todavía más ensombrecidas en las narrativas institucionales. Involucrados en la solidaridad internacionalista por el deseo de “viajar para conocer mundos exóticos y realidades fuera de mi país”—en el caso del destacado corresponsal Leonel Nodal— o de “reconectar” con sus “raíces sirio-libanesas como hijo de inmigrantes”—según el célebre periodista Moisés Saab—, algunos de los perfiles entrevistados ilustran el peso de las vivencias ordinarias que Natalie Zemon Davis (Reference Davis1975) posicionó bajo la sombra de las macroestructuras históricas.Footnote 13 Desde la alta dirigencia hasta los sectores más dispares de la realidad sociocultural del país, la proyección externa de la Revolución se consagró, tal y como evidencian estos testimonios, a partir de aspiraciones alternativas que llevaron a sus protagonistas por variopintas rutas grabadas en una memoria colectiva cambiante a lo largo del tiempo.
Dimensiones socioculturales y vivencias colectivas en la proyección externa de la Revolución cubana
Lejos del glorificado halo que envuelve a grandes personajes movidos por voluntades martiano-socialistas de la llamada “Historia en mayúsculas” de la Revolución cubana, la génesis de la solidaridad internacionalista se revela, en memoria de sus protagonistas, como un entramado de experiencias que trasciende lecturas estructuralistas y revaloriza el peso de lo cotidiano examinado por Michel de Certeau (Reference De Certeau1980). Jóvenes soñadores, huérfanos limpiabotas, activistas feministas o personas comunes con el deseo de viajar y explorar el mundo dieron forma a un paisaje de motivaciones íntimas que rara vez aparece reflejado en los “relatos oficiales”. Al analizar estas vivencias, resulta posible identificar algunas de las razones que llevaron a participar en arriesgadas “misiones internacionalistas” a algunos de nuestros protagonistas, pero también se logra comprender el duradero impacto de este horizonte dentro de esferas tan heterogéneas como la política, la diplomacia, la cultura o el trabajo manual dentro de la sociedad cubana (Eckstein Reference Eckstein2019, 160).
La dualidad que ha condicionado gran parte de los relatos históricos producidos en este ámbito se vincula con la persistencia de narrativas centradas en la yuxtaposición de guerrilleros heroicos idealizados frente a agentes del régimen obsesionados con la subversión internacional. El cuestionamiento y la indagación crítica en la memoria de quienes participaron en estos procesos resultan decisivos para superar las raíces de esta visión originada en la Guerra Fría, que dificulta todavía hoy la comprensión histórica de la “exteriorización” de la Revolución cubana (Krull Reference Krull2014, 12). En esta línea, el fin último de este apartado no es documentar qué hicieron los distintos entrevistados en Angola o Guinea-Bissau, sino examinar qué representaron para ellos este tipo de experiencias, valoradas hoy en retrospectiva. Con este propósito, entre las múltiples expresiones de solidaridad ofrecida y recibida por Cuba desde diversas regiones del mundo a lo largo del tiempo, el foco se sitúa aquí en los puentes que el país caribeño tendió en un plano Sur-Sur durante la segunda mitad del siglo pasado, desde diversos campos de la acción colectiva.
Comenzando por la esfera de la lucha armada revolucionaria, personalidades como Víctor Dreke albergan recorridos ilustres que les han valido ser reconocidos como “uno de los protagonistas en la descolonización africana” por la embajadora bisauguineana Maria de Lourdes Batista Mendoça con motivo del cincuenta aniversario de Guinea-Bissau.Footnote 14 A sus ochenta y seis años de edad, el veterano comandante—también conocido como “Moja” (Brock Reference Brock2019, 262)— valoró “los lazos solidarios” como “más fuertes que los propios vínculos familiares de sangre”, llegando a sentirse “inspirado todavía hoy por las enseñanzas de lucha compartidas en pos de las independencias africanas”. Al igual que él, revolucionarios implicados en El Congo—junto al Che Guevara— como el recientemente fallecido Osmany Cienfuegos, confesaron sentirse imbuidos por el espíritu de solidaridad internacionalista en unas de sus últimas declaraciones públicas ofrecidas para la presente investigación.Footnote 15 A pesar de haber sido reacios a sentarse ante una cámara durante la mayor parte de sus vidas, los testimonios de algunas de estas figuras, puestos frente a frente con los de dirigentes actuales del país—véase, el coronel retirado y veterano de Angola, René González Barrios—, revelan un hilo conductor en el que la proyección externa de la Revolución ha conservado un peso protagonista que, sin embargo, se ha visto minusvalorado en la actualidad.Footnote 16
En palabras de Víctor Dreke, buena parte de los silencios sostenidos durante años “incluso por mí mismo” han favorecido la progresiva instauración de una “política de olvido” en la que la “dimensión armada del fenómeno internacionalista” se ha convertido en pieza fundamental de una memoria incómoda para buena parte de la dirección actual del Estado.Footnote 17 Siguiendo los planteamientos del intelectual Rafael Hernández, la profunda implicación armada de Cuba en procesos guerrilleros descolonizadores del tercer mundo corre el riesgo de ser borrada de unos imaginarios colectivos en los que esta realidad es “tristemente percibida como los años en que íbamos de tiratiros por el mundo”.Footnote 18 Conscientes de los avances que han experimentado discursos amparados en la imagen de los cubanos como exportadores de la revolución (Randall Reference Randall2017), personalidades como Dreke se muestran hoy dolidas por los recelos hacia un periodo que René González Barrios considera importante “recuperar en la actualidad”. De acuerdo con el actual director del Centro Fidel Castro, es “crucial no renunciar a este pasado” en una coyuntura donde proclamas fidelistas del tipo “médicos y no bombas” han ensombrecido la agencia y el “respeto a la soberanía” de los pueblos con los que batallaron los revolucionarios caribeños en diversas regiones del mundo.
Más allá de este campo, cuando los fusiles callaron y la vía diplomática se impuso, la incidencia transnacional de la Revolución se proyectó también en sujetos como Óscar Oramas o Germán Sánchez Otero, quienes fueron protagonistas en la creación de un sistema de relaciones exteriores que garantizó la integración de Cuba a escala global (Castellanos Reference Castellanos2023, 102). En calidad de cofundador del MINREX y embajador en decenas de países africanos, Oramas señaló la “interiorización” en el propio proceso cubano que experimentó a través de su “vínculo con los movimientos de liberación nacional africanos”.Footnote 19 De forma paralela, Germán Sánchez Otero reconoció haber aprehendido un enraizado sentir “latinoamericanista” después de su destacado trabajo en la forja de relaciones con la Venezuela de Hugo Chávez.Footnote 20 Igualmente imbuidos por la égida internacionalista, voces de la diplomacia insular como la de Carlos Alzugaray constataron a su vez el peso que la “solidaridad política exterior contrahegemónica” tuvo como “vector invisible” en la toma de decisiones dentro del ámbito de las relaciones internacionales.Footnote 21
En este marco, el peso de una conciencia política fundada en principios ideológicos, visible en algunas de estas experiencias, constata la significación de un conjunto de realidades observadas por José Luis Cañizares Cárdenas (Reference Cañizares Cárdenas2006, 1) en términos de un “factor subjetivo determinante en la época de la globalización”. Si bien marcadas por lo que Sánchez Monroe definió como un “férreo compromiso compartido”, las vivencias incluidas dentro de este horizonte no dieron forma a un bloque homogéneo exento de contradicciones internas (Gleijeses Reference Gleijeses1996, 180). En el recuerdo de Juan Hernández Machado, por ejemplo, al margen del elevado “sentir internacionalista”, permanecen grabadas también nociones menos grandilocuentes relacionadas con “la incapacidad que teníamos los cubanos para entender realmente la importancia que el tribalismo o las etnias tenían en territorios como Yemen”. Como una expresión clara del fuerte choque cultural inmortalizado por la documentalista egipcia Jihan El-Tahri (Reference El-Tahri2007) en Cuba, une odyssée africaine, el testimonio de Machado alude a un horizonte de diálogos y (des)encuentros socioculturales en los que distintas prácticas cotidianas jugaron un papel decisivo escasamente historiado hasta la fecha. A este respecto, Hernández Machado rememoró “lo importante que era intentar bailar y participar en danzas tradicionales” dentro de naciones como Zambia, donde “el rechazo de los asesores rusos a mezclarse en esos ritos” marcó “una barrera” clara entre cubano-africanos y soviéticos que permanece inexplorada en la actualidad.
En una línea semejante, diplomáticos comprometidos con la Revolución, como Humberto Hernández, corroboraron la huella que estos “pequeños detalles del día a día” dejaron a la hora de entablar vínculos transnacionales durante la Guerra fría.Footnote 22 En su memoria—aunque, tal y como afirme, “de esto no se hable hoy”—, los firmes ideales comunistas que le habían motivado a viajar a Europa del Este “chocaron de golpe” con una realidad en la que “no fue el socialismo real, sino el alcoholismo de los camaradas allí presentes” lo que dejó un sentimiento agridulce guardado en su recuerdo hasta nuestros días. La memoria social colectiva en la que se enmarcan algunas de estas voces compone un entramado plural donde determinantes sociales tan dispares como el género contribuyeron también a problematizar la aparente uniformidad del relato histórico construida en torno al internacionalismo.
En este sentido, aludiendo específicamente al papel de las mujeres, los testimonios de dirigentes históricas de la Federación de Mujeres Cubanas (FMC) introducen perspectivas novedosas acerca de la dimensión femenina en la investigación de conexiones transnacionales construidas en Cuba durante el siglo XX (Chase Reference Chase2020). Según el parecer de la veterana Nieves Alemañy, la solidaridad internacionalista practicada por mujeres como ella misma tuvo un carácter femenino particular que la diferenció de unas redes masculinas a menudo marcadas por falta de asertividad. En su experiencia, compartida por la exconsultora de la Mujer en las Naciones Unidas, Tamara Columbié, la proyección exterior de la Revolución tuvo un fuerte “componente de género” que dejó una huella indeleble en “miles de mujeres dentro y fuera del país”. Alejadas de las grandes narrativas construidas en torno a este fenómeno, las memorias de estas resilientes activistas se revelan a su vez “profundamente inspiradas por figuras como Vilma Espín”, quien, pese a su escaso reconocimiento internacional, “marcó una senda reivindicativa todavía presente en los corazones de las mujeres del mundo”.
En línea con lo planteado por Limbania Jiménez Rodríguez (Reference Jiménez Rodríguez2008) en sus investigaciones sobre la idiosincrasia femenina del internacionalismo cubano, las visiones retrospectivas de pioneras como Ana Morales Varela—fundadora de la primera escuela de medicina en Guinea-Bissau— u Olga Romero—asesora de seguridad en Mozambique en calidad de teniente coronel de las FAR— adquieren así una especial significación histórica.Footnote 23 Para la primera de ellas, la lucha por la justicia social desde una mirada revolucionaria, anticolonial y antipatriarcal contribuyó a romper viejos esquemas mucho más allá de las fronteras de Cuba. En palabras de Romero, por su parte, aun reconociendo “no haber sido nunca discriminada” por su “condición de mujer” o “el color de mi piel”, las acciones de solidaridad cumplieron “un papel importante para la humanidad en su conjunto” en el que se destacaron mujeres negras como ella misma. Las feministas afrocubanas Daysi Rubiera e Inés María Martiatu (Reference Rubiera Castillo and Martiatu2011) observaron, a este respecto, cómo las contribuciones de las mujeres afrodescendientes en esta esfera han repercutido en la propia visibilización de este grupo en el seno de la cultura y sociedad cubana contemporáneas.
Conscientes, por todo ello, de la necesidad de mantener vivo este legado, mujeres como Judit Ferreiro—directora del Centro de Estudios de la Mujer de Cuba— o Maida Álvarez—jefa de atención a la población de la FMC en la ciudad de La Habana— expresaron su deseo de recuperar “un conjunto de enseñanzas extremadamente valiosas” para afrontar los “desafíos actuales” de las mujeres en el país.Footnote 24 Desde las estancias de la Federación Democrática Internacional de Mujeres (FDIM) en la capital, Alicia Campos y Adelina Allen—responsable documental de la FDIM— elevaron aún más la significación de este fenómeno hasta remarcar la necesidad de “resucitar” la dimensión revolucionaria-internacional para combatir “la lucha contra el machismo y el patriarcado” dentro y fuera de la isla.Footnote 25 Sus voces conectan con el peso que la historiadora Yulia Gradskova (Reference Gradskova2021) otorgó a iniciativas trasnacionales—como la propia FDIM— a la hora de empoderar a las mujeres en el interior de la esfera capitalista, pero también dentro de países socialistas.Footnote 26
Los testimonios recopilados bajo el manto de la solidaridad internacionalista, a partir de vivencias cotidianas, ilustran, en su conjunto, la permeabilidad de una conciencia activa que también incidió en la vida cultural del proyecto revolucionario (Cearns Reference Cearns2023, 42). En el plano de las letras, el director de la prestigiosa institución Casa de las Américas, Jorge Fornet, manifestó cómo ese “universo de compromisos que asumimos de forma entusiasta siendo jóvenes” configuró “expresiones singulares de literatura muy influyentes” en la isla.Footnote 27 Desde el ámbito cinematográfico-documental, Francisco Cordero—director de Patrimonio audiovisual del Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC)—, elogió “la inagotable fuente de inspiración” que trajo consigo la aproximación a escenarios lejanos donde Raúl Bozz aprehendió el “verdadero sentido de la fraternidad”.Footnote 28 En este contexto, dentro de campos aparentemente más desligados a este horizonte, como el mundo de la filosofía, la economía o la fotografía, personalidades como Aurelio Alonso, Luis René Fernández Tabío o Iván Soca reconocieron albergar una “deuda imborrable”—desde sus respectivas disciplinas— con la “estimulante herencia” que los ha acompañado en su “propio desempeño profesional” hasta el presente.Footnote 29
Convertido en eje transversal de la universalización de la cultura revolucionaria sugerida por José Bell Lara y colegas (Reference Bell Lara, López García and Caram León2008), el alcance de esta oleada de transformaciones llegó a penetrar incluso en la esfera laboral-profesional (Ferguson Reference Ferguson2003, 1–3), donde Alfredo Catalá—miembro del Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos (ICAP)— aún conserva un vívido recuerdo de sus “años construyendo viviendas sociales” como un joven albañil “inspirado por el ejemplo de la solidaridad internacionalista”. Desde las capas más altas de la dirigencia hasta los planos más remotos de la vida sociocultural, la proyección externa de la Revolución dejó una marca indeleble en sucesivas generaciones de cubanos envueltos en una ambiciosa empresa que todos coinciden en identificar como un elemento central de sus vidas. Inspiradas por causas diversas, las experiencias analizadas—positivas y negativas— revelan cómo las múltiples formas de concebir la solidaridad internacionalista vertebraron espacios compartidos de visible heterogeneidad ideológica que han dado lugar a intensos debates todavía presentes en la Cuba actual.
Del final de la Guerra Fría a los desafíos del siglo XXI: Legados, perspectivas y debates en torno a la solidaridad en la Cuba contemporánea
Eric Hobsbawm (Reference Hobsbawm1990, 21) definió el final del siglo pasado como el momento histórico en que la llama de las grandes utopías colectivas que aspiraban a la construcción de un mundo nuevo se apagó definitivamente. El desenlace de la Guerra Fría dio paso a la configuración de un horizonte globalizado donde multitud de tradiciones, memorias y experiencias compartidas fueron borradas de una historia misma en riesgo de desaparecer (Fukuyama Reference Fukuyama1992, 152). Habiendo sido uno de los máximos exponentes de una cultura internacionalista desde los largos años sesenta, la Cuba revolucionaria hubo de afrontar sensibles transformaciones internas que alteraron las formas mismas de entender ideológicamente y practicar de manera activa la solidaridad exterior con el inicio del nuevo milenio.
La implicación político-militar cubana en las descolonizaciones, guerrillas y procesos de resistencia antiimperialista en todo el mundo fue progresivamente abandonada en un periodo en que la supervivencia misma de la Revolución se convirtió en el centro de todos los debates (Adebayo Reference Adebayo2004, 110). Incapaz de emular respuestas en el pasado efectivas ante una coyuntura global transformada, la dirigencia insular hubo de reinventar patrones alternativos de solidaridad—cada vez menos referida en términos de internacionalismo— capaces de adaptarse al nuevo signo de los tiempos (Mor Reference Mor2022). En este contexto, Fernando García Bielsa—colaborador histórico de Manuel Piñeiro en el Departamento de Américas— evocó su percepción de este arduo cambio en términos de una “forzosa reconversión” donde, si bien los objetivos “nunca cambiaron sustancialmente”, los métodos tuvieron que afrontar una “completa reorientación”.Footnote 30
Atendiendo a las perspectivas de la historiadora Helen Yaffe (Reference Yaffe2020), este progresivo viraje no socavó los cimientos del modelo sociopolítico cubano, sino que estimuló nuevas vías de colaboración que personalidades como Leonel Nodal consideran hoy “vitales en todo el mundo”. A este respecto, de acuerdo con el veterano corresponsal de Prensa Latina, el tránsito hacia canales de apoyo mutuo que primaron la “movilización cívico-social” favoreció la gestación de poderosas “formas de solidaridad” que han incidido en “las acciones colectivas de protesta dentro de escenarios como el palestino”. Al igual que él, figuras como Hernández Machado estimaron que “la llama encendida por Cuba” en países como Yemen no se apagó con la caída del campo socialista, sino que “estimuló el resurgir de realidades alternativas” que entroncan con la más inmediata actualidad en la región (Losier etal. Reference Losier, Padilla and Stites Mor2024, 89).
Las voces de la sociedad cubana envueltas en este complejo salto histórico no se limitaron, en cambio, a señalar la significación que tuvo esta metamorfosis en la esfera política. A través de figuras como Ana Morales Varela, veteranas internacionalistas subrayaron la fuerza que las expresiones de solidaridad “han mantenido en áreas como la salud o la educación” hasta nuestros días. Si bien es cierto que la colaboración en estos ámbitos se remonta a los orígenes mismos de la proyección exterior de la Revolución cubana, desde finales de los años noventa el alcance de estos mecanismos adquirió una relevancia crucial para el rumbo de la isla (Campos Perales y Vázquez Herrera Reference Campos Perales and Vázquez Herrera2021, 98). Convertido en el país que más médicos exporta a todo el mundo (Kirk y Erisman Reference Kirk and Erisman2009), el compromiso cubano en esta área ha despertado agudos debates en torno al papel de losbatas blancas como fuente de divisas para el Estado (Pradas Reference Pradas2025). De acuerdo con Aurelio Alonso, la “continua agresión estadounidense” contra los médicos cubanos ha contribuido a “reforzar sus propias convicciones” sobre el sentido de unas misiones convertidas en foco de las sanciones del gobierno de Donald Trump. A este respecto, el reciente intercambio entre el secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio—quien ha hablado de “trabajos forzosos” impuestos por el régimen— y personalidades como el primer ministro jamaicano, Andrew Holness, o el presidente brasileño, Lula da Silva—quienes han reconocido la importancia de los médicos cubanos para sus respectivos países—, ilustran la significación del “componente simbólico” que Julie M.Feinsilver (Reference Feinsilver1989, 1–2) observó en torno al “poder médico global” del país caribeño.
Más allá de la cooperación en materia sanitaria, la solidaridad internacionalista cubana del siglo XXI ha incidido también en otros campos como la órbita educativa.Footnote 31 A través de programas de alfabetización como el Yo sí puedo—recientemente encomiado por la presidenta hondureña Xiomara Castro (Reference Castro2025)—, Cuba ha conservado una notable presencia regional en la que experiencias de intercambio cultural auspiciadas por espacios como Casa de Las Américas o el ICAIC han mantenido igualmente un impacto significativo (Szente-Varga Reference Szente-Varga2023, 2430; Boughton y Durnan Reference Boughton and Durnan2014, 330; Man-Fung Reference Man-Fung2022, 166). En palabras de Eduardo Delgado Bermúdez—exdirector general del Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba—, estas iniciativas “conservan un papel central dentro de la propia Cuba”, habiéndose convertido en un “motor ideológico fundamental” cuya importancia hay que transmitir a las “jóvenes generaciones”.Footnote 32 De acuerdo con Jorge Fornet, la magnitud de esta urgente tarea resulta, sin embargo, un “reto mayúsculo”, siendo posible percibir cierto espíritu de “desencanto generalizado” entre buena parte de una juventud para la que los principios de solidaridad o internacionalismo resuenan hoy como ecos de un pasado lejano.
En este contexto, las grandes transformaciones globales de la última década han tenido una fuerte repercusión a la hora de afrontar un relevo generacional donde la proyección externa de la Revolución ha desaparecido de buena parte de los imaginarios colectivos. Para la reconocida especialista en relaciones internacionales María Elena Álvarez Acosta, es “vital buscar nuevas estrategias para acercar o modernizar estos enfoques a los más jóvenes”, ya que, en su opinión, el viejo espíritu internacionalista está “muerto” hoy día.Footnote 33 En la misma línea, Sánchez Monroe se sintió “incapaz de ser optimista, no sólo respecto al futuro de Cuba, sino al de la humanidad en su conjunto”, habiendo tan solo “pequeños signos de esperanza en lugares de África en la actualidad”. Partiendo de una visión compartida con Víctor Dreke, las iniciativas de “unidad frente a la dominación europea”—en referencia a los gobiernos militares de la región del Sahel, especialmente al de Ibrahim Traoré en Burkina Faso— son las únicas propuestas que albergan un “rayo de luz” dentro de un contexto global “cada vez más sombrío” marcado por la proliferación de “conflictos en todo el mundo”.
En este horizonte, tras haber asumido por más de medio siglo la labor de forjar una conciencia internacionalista a escala global desde La Habana, antiguos miembros de la extinta Organización de Solidaridad de los Pueblos de África, Asia y América Latina (OSPAAAL) se confiesan igualmente desalentados en la actualidad.Footnote 34 Como encarnación plena del rostro vivo de la solidaridad a través del marco Tricontinental, figuras como Santiago Rony Feliú, Eva Duménigo o Rafael Enríquez, mostraron una visible disconformidad con la decisión que tomara el PCC de clausurar la OSPAAAL en el año 2019.Footnote 35 De acuerdo con Roger Ricardo—antiguo coeditor de la revista Tricontinental, órgano oficial de la OSPAAAL—, la disolución amparada en “la necesidad de racionalizar esfuerzos y recursos” fue “una cochinada (de decisión)” que no le correspondía tomar al Estado, siendo la OSPAAAL un organismo internacional no gubernamental con estatus consultivo en las Naciones Unidas (Camacho Padilla y Palieraki Reference Camacho Padilla and Palieraki2019).Footnote 36 En un sentido semejante, el recientemente fallecido Eduardo Delgado Bermúdez lamentó esta “triste resolución que nunca habría tenido lugar con Fidel” y que revela no solo la “falta de visión actual en torno al peso de la solidaridad Sur-Sur”, sino también “el recelo con el que alguna gente de la línea dura de la dirección siempre miró a este espacio”.
Desde una realidad paralela, pero con una mirada más optimista sobre el porvenir, Alicia Campos en sobre el papel que “todavía han de jugar organismos internacionales como la FDIM” en “mantener vivo el legado solidario de la Revolución dentro de la propia Cuba”. Como ella, la veterana Tamara Columbé no pierde la esperanza en los jóvenes de hoy día, confiando en su capacidad para “revolucionar la vida misma” amparados en “grandes valores como la solidaridad que, aunque sea inconscientemente, todavía portan”. El reconocido fotógrafo cubano Iván Soca, por su lado, se mostró igualmente positivo respecto al devenir de una generación que, “aun habiendo cambiado la trova por el reggaetón”, sigue siendo capaz de mantener “compromisos revolucionarios” con su propio país. El conjunto de estas impresiones revela un marco heterogéneo de percepciones subjetivas sobre el calado de un proyecto colectivo que, de acuerdo con la periodista Graciela Ramírez y el filósofo Aurelio Alonso, todavía constituye un “soporte fundamental” para el futuro de una Revolución obligada a “reinventarse”, pero “negada a claudicar” ante los desafíos del siglo XXI.Footnote 37
Conclusiones
En su reconocida obra La batalla de la memoria, la historiadora chilena María Angélica Illanes Oliva (Reference Illanes Oliva2002, 97) escudriñó el papel de los sujetos personales como mediadores activos entre pasado y presente, capaces de transformar una “historia de huesos y esqueletos” en otra de “carne y vital intimidad”. La presente investigación ha sido concebida como una apuesta por desentrañar esa “parte subterránea” de la Revolución cubana a la que Ernesto Guevara (Reference Guevara1964) aludió en su “Discurso en homenaje al comandante Camilo Cienfuegos”: “La historia de las revoluciones tiene una gran parte subterránea, no sale a la luz pública. Las revoluciones no son movimientos absolutamente puros; están realizadas por hombres y se gestan en medio de luchas intestinas, de ambiciones, de desconocimientos mutuos. Y todo esto cuando se va superando, se convierte en una etapa de la historia, que bien o mal, con razón o sin ella, se va silenciando y desaparece”.
Atendiendo a la significación particular que la proyección externa del fenómeno revolucionario tuvo en la propia Cuba, la conceptualización de una solidaridad internacionalista fue resultado de la articulación de un relato en el que el espíritu martiano de solidaridad y el deber internacionalista se fusionaron para dar forma a una novedosa narrativa dentro del país. A través de los testimonios recopilados se vislumbra cómo la génesis de esta realidad no derivó de marcos homogéneos ausentes de voluntades subjetivas. A diferencia de los patrones reconocidos por Lillian Guerra (Reference Guerra2023) en términos contrapuestos entre deber patriótico-socialista (cubano) y traición contrarrevolucionaria (foránea), las voces de los entrevistados revelan cómo motivaciones personales—en la mayoría de los casos carentes de un componente ideológico definido— modelaron la génesis de esta realidad.
En detrimento de las lecturas historiográficas basadas en interpretaciones reduccionistas sobre el alcance de este horizonte, las identidades colectivas de las cuarenta personalidades entrevistadas contribuyen a tensionar—siguiendo el enfoque de la socióloga argentina Elizabeth Jelin (Reference Jelin2002)— los relatos oficiales imperantes hasta el momento sobre esta práctica. En este escenario, desde el interior de la propia Cuba, por un lado, autores como Mario Valdés Navia (Reference Valdés Navia2018) han abordado el debate acerca de si una historia “encargada por el Estado a profesionales pagados por instituciones estatales y destinada irremisiblemente a ser publicada por editoriales también del Estado” puede ser ciencia o más bien apología. Más allá de las fronteras del país caribeño, por otra parte, investigadoras como Elizabeth Dore (Reference Dore2023) han hecho énfasis en la necesidad de romper tabúes y estereotipos sobre el proceso cubano, siendo necesario dejar atrás la noción—todavía extendida— de una sociedad marcada por el miedo a hablar sobre sus propias historias de vida cuando se les pregunta por experiencias relacionadas con el espectro revolucionario.
A contrapelo de ambas interpretaciones, el análisis histórico-comparativo de los testimonios recogidos permite aprehender la singularidad de un proceso que no puede desvincularse de los debates centrales de la Revolución cubana, tales como el nacionalismo, la construcción de identidades y la formulación de estrategias de supervivencia y sostenibilidad frente a los desafíos actuales que afronta el país. Estas claves, articuladas a partir de subjetividades colectivas, configuran un entramado de percepciones compartidas que habilita la reproblematización y complejización del internacionalismo cubano “desde adentro”, tal y como conceptualizó Illanes Oliva (Reference Illanes Oliva2002). Por todo esto, evaluadas en su conjunto, se considera que las perspectivas examinadas proporcionan herramientas útiles para reinterpretar, no solo las particularidades del contexto cubano, sino también dimensiones fundamentales de la solidaridad contemporánea en nuestros días (Sayigh Reference Sayigh2024). Considerando escenarios alternativos—como Yemen o Palestina— que fueron destinatarios de la solidaridad impulsada por algunos de los entrevistados (Lackner Reference Lackner2023, 140; Thomson y Olsen Reference Thomson and Valentin Olsen2023, 120), se presenta una genealogía entre el viraje desde el “espíritu global” de los largos sesenta (Hennessy Reference Hennessy2013, 10) hasta un debate público actual en la que la solidaridad continúa vertebrando iniciativas colectivas ante algunos de los grandes desafíos humanitarios de este siglo.
Agradecimientos
Agradezco a María Rodas Navarro su colaboración en la recopilación de los testimonios recogidos en este artículo. Esta investigación ha sido posible gracias a la financiación de una estancia breve concedida por el Ministerio de Universidades del Gobierno de España en el marco de las Ayudas complementarias de movilidad destinadas a beneficiarios del programa de formación del profesorado universitario (FPU) en el año 2023.