Las antiguas élites mayas jugaban a la pelota. Esta acción y las actividades asociadas se enfatizan para complementar las interpretaciones simbólicas de estudios anteriores. Basándose en la teoría de conjuntos, se discute cómo las interacciones recurrentes y causales institucionalizaron el juego de pelota. Los análisis multiescalares y multidimensionales permiten estudiar las relaciones parasociales, asimétricas y co-constitutivas entre los jugadores, el público y la cancha. En el este de las tierras bajas mayas, se encuentra el centro de Tzikin Tzakan, donde se documentaron dos canchas de juego de pelota. Debajo de la parte de las superficies originales de la cancha oeste, se encontraron varias capas de lascas de pedernal. Su presencia infiere la furia y el dolor que ocurría durante el juego de pelota. Los nobles jugaban sabiendo que sufrirían y hasta podrían fallecer. Se documentó un basurero que probablemente refleja las fiestas asociadas al juego y que apunta al rol del público en crear y gozar un espectáculo. Comparadas con 50 canchas cercanas, las canchas de juego de pelota de Tzikin Tzakan destacan por su orientación, su forma y sus dimensiones. Sus características regionalmente únicas y localmente compartidas ejemplifican el juego de pelota como una totalidad emergente.