Las condiciones de inseguridad que enfrentan las y los trabajadores de la educación en México para desarrollar su quehacer en contextos de violencia criminal y alta densidad de actividades delictivas constituyen desafíos contemporáneos que repercuten en las prácticas cotidianas de las escuelas. En la actualidad, ahondar en esta dimensión del trabajo docente desde una perspectiva antropológica y un enfoque etnográfico, muestra qué ocurre con las trayectorias del magisterio y sus subjetividades para lidiar con estas problemáticas cada vez más recurrentes en territorios de expansión del narcotráfico. Al mismo tiempo, nos permite encontrar pistas conceptuales para comprender desde el ámbito de la docencia las violencias originadas por la disputa entre grupos armados que buscan monopolizar las economías ilegales en los márgenes del Estado. El interés del artículo radica en describir el despliegue de un repertorio de violencias en entornos escolares de Michoacán donde ejercen su labor los educadores, así como las limitaciones de la política educativa para atender las problemáticas locales.